Canonización de San Artémides Zatti y San Juan Bautista Scalabrini

Francisco en su homilía en la misa con canonizaciones de los nuevos santos, Juan Bautista Scalabrini y Artémides Zatti, habló de la necesidad de caminar juntos, ser honestos con nosotros mismos, todos tenemos el corazón enfermo, todos necesitados de la misericordia del Padre.

Patricia Ynestroza, Ciudad del Vaticano

En una plaza llena de fieles que vinieron a celebrar la fiesta de sus beatos que hoy fueron elevados al honor de los altares, que hoy son ya santos, el Papa quiso detenerse en su homilía en dos aspectos que sugiere el Evangelio de hoy: caminar juntos agradecer. Dos santos que están muy relacionados con la migración.

Dedicó un intenso momento para hablar de la realidad de los migrantes hoy día. «La exclusión de los inmigrantes es escandalosa. La exclusión de los migrantes es criminal, los hace morir ante nosotros. Y así, hoy tenemos el Mediterráneo que es el mayor cementerio del mundo. La exclusión de los inmigrantes es repugnante, es pecaminosa, es criminal. No abrir las puertas a los necesitados», enviados a los lagers donde son explotados, vendidos como esclavos. Y ahora, con el conflicto entre Rusia y Ucrania, hay una migración de ucranianos que huyen de la guerra, dijo y pidió que no se olvide a la atormentada Ucrania.

Los migrantes. Excluídos y enviados a ‘lagers’

Caminar juntos, es incluir al otro. Escucharlo, acercarme al otro. Sentirnos todos pecadores, todos necesitados de la Misericordia de Cristo. Derribar las desigualdades y marginaciones:

“Me da miedo cuando veo comunidades cristianas que dividen el mundo en buenos y malos, en santos y pecadores; de esa manera, terminamos sintiéndonos mejores que los demás y dejamos fuera a muchos que Dios quiere abrazar. Por favor, incluyan siempre: incluyan siempre, en la Iglesia como en la sociedad, todavía marcada por tantas desigualdades y marginaciones. Incluya a todos».

Y hoy, en el día en que Scalabrini se convierte en santo, afirmó el Papa, «me gustaría pensar en los emigrantes. La exclusión de los inmigrantes es escandalosa. Al contrario: la exclusión de los migrantes es criminal, los hace morir ante nosotros. El Mediterráneo es el mayor cementerio del mundo», dijo con tristeza.

Y añdió: «La exclusión de los inmigrantes es repugnante, es pecaminosa, es criminal. No abrir las puertas a los necesitados… ‘No, no los excluimos: los enviamos lejos’, a los lagers, donde son explotados y vendidos como esclavos. Hermanos y hermanas, hoy pensamos en nuestros emigrantes, en los que mueren. Y los que pueden entrar, ¿los recibimos como hermanos o los explotamos? Dejo la pregunta»

Caminar juntos:

Jesús sana a diez leprosos, al principio caminan juntos, pero sólo uno se devuelve para agradecerle a Jesús, el samaritano. El Papa al respecto dijo que la enfermedad y la fragilidad en común hacen caer las barreras y superan toda exclusión.

Cuando somos honestos con nosotros mismos, afirmó, recordamos que todos tenemos el corazón enfermo, que todos somos pecadores, que todos estamos necesitados de la misericordia del Padre.

“Y entonces, dejamos de dividirnos con base en los méritos, a los papeles que desempeñamos o a cualquier otro aspecto exterior de la vida; y caen los muros interiores, los prejuicios. Así, finalmente, nos redescubrimos como hermanos”.

Despojarnos de nuestras armaduras, de nuestras barreras

Hablando de la Primera Lectura, en cambio, en la que Naamán, rico y poderoso, para ser curado se sumerge en el río en el que todos se bañaban, y lo hizo quitándose su armadura, sus ropas. Aquí Francisco nos recordó el bien que nos hace a todos, “quitarnos nuestras armaduras exteriores, nuestras barreras defensivas, y darnos un buen baño de humildad, recordando que todos somos frágiles por dentro y estamos necesitados de curación; todos somos hermanos”.

Caminar juntos es avanzar junto a los demás, no ser caminantes solitarios, recordó el Papa, esto es la fe cristiana, que nos invita a salir de nosotros mismos hacia Dios y hacia los hermanos, nunca a encerrarnos en nosotros mismos.

“Siempre nos pide que nos reconozcamos necesitados de curación y de perdón, que compartamos las fragilidades de los que nos rodean, sin sentirnos superiores.”

¿Vencemos la tentación de la autorreferencialidad?

Seguidamente, el Santo Padre nos cuestiona, a cada uno de nosotros, nos pide que verifiquemos si en nuestras vidas, en nuestras familias, en los lugares donde trabajamos, y que frecuentamos cada día, si somos capaces de caminar junto a los demás, de escuchar, de vencer la tentación de atrincherarnos en nuestra autorreferencialidad y de pensar sólo en nuestras propias necesidades.  Caminar juntos, ser “sinodales”, dijo Francisco, esa es también la vocación de la Iglesia.

Preguntémonos, nos cuestiona el Pontífice, hasta qué punto somos realmente comunidades abiertas y que incluyen a todos; si somos capaces de trabajar juntos, sacerdotes y laicos, al servicio del Evangelio; si tenemos una actitud de acogida ―no sólo con palabras, sino con gestos concretos― hacia los que están alejados y hacia todos los que se acercan a nosotros, sintiéndose inadecuados a causa de sus complicadas trayectorias de vida. Y nos pregunta si hacemos sentir parte de la comunidad a esas personas o las excluimos.

Agradecer a Dios

El segundo aspecto es agradecer. En el grupo de los diez leprosos hubo uno solo que, al verse curado, volvió a alabar a Dios y a mostrar su gratitud a Jesús, señaló Francisco, los otros nueve fueron sanados, pero luego cada uno tomó su camino, olvidándose de Aquel que los había curado.

“El samaritano, en cambio, hizo del don recibido el inicio de un nuevo camino; regresó donde Aquel que lo había sanado, fue a conocer de cerca a Jesús y comenzó una relación con Él. Su actitud de gratitud no fue, pues, un simple gesto de cortesía, sino el inicio de un camino de gratitud. Se postró a los pies de Cristo (cf. Lc 17,16), es decir, realiza un gesto de adoración, reconoció que Jesús es el Señor, y que Él era más importante que la curación que había recibido”.

Dar gracias a Dios por los dones que nos da a diario

Una gran lección para nosotros, porque nos beneficiamos de los dones de Dios todos los días, pero a menudo seguimos nuestro propio camino, olvidándonos de cultivar una relación viva con Él.

«Esa es una fea enfermedad espiritual, dar todo por sentado, incluso la fe, incluso nuestra relación con Dios, hasta el punto de convertirnos en cristianos que ya no saben asombrarse, que ya no saben decir “gracias”, que no muestran gratitud, que no saben ver las maravillas del Señor».

Saber decir gracias, nada es obvio o merecido

De esta manera, aseveró el Papa Francisco, acabamos pensando que todo lo que recibimos cada día sea obvio y merecido. La gratitud, el saber decir “gracias”, señaló, nos lleva, en cambio, a atestiguar la presencia de Dios-amor. Y también a reconocer la importancia de los demás, superando la insatisfacción y la indiferencia que deforman nuestro corazón.

«Saber dar las gracias es esencial. Todos los días, dar gracias al Señor, aprender a darnos las gracias entre nosotros: en la familia, por esas pequeñas cosas que recibimos a veces, sin ni siquiera preguntarnos de dónde vienen; en los lugares que frecuentamos cada día, por los muchos servicios que disfrutamos y por las personas que nos apoyan; en nuestras comunidades cristianas, por el amor de Dios que experimentamos a través de la cercanía de los hermanos y hermanas que muchas veces en silencio rezan, ofrecen, sufren, caminan con nosotros. Por favor, no olvidemos nunca esta palabra clave: ¡Gracias!»

Scalabrini y Zatti: ejemplo de Caminar juntos y dar gracias

Los dos santos canonizados hoy nos recuerdan la importancia de caminar juntos y de saber dar las gracias, afirmó el Papa. Recordando al obispo Scalabrini, que fundó una Congregación para el cuidado de los emigrantes, afirmaba que en el caminar común de los que emigran no había que ver sólo problemas, sino también un designio de la Providencia: “Precisamente gracias a las migraciones forzadas por las persecuciones ―decía― la Iglesia cruzó las fronteras de Jerusalén y de Israel y se hizo ‘católica’; gracias a las migraciones de hoy la Iglesia será un instrumento de paz y comunión entre los pueblos” (cf. L’emigrazione degli operai italiani, Ferrara 1899).  «Hay una migración, ahora mismo, aquí en Europa, sobre todo, que nos hace sufrir mucho y nos mueve a abrir el corazón: la migración de ucranianos que huyen de la guerra. No olvidemos hoy a la atormentada Ucrania». Scalabrini miraba más allá, dijo, miraba hacia delante, hacia un mundo y una Iglesia sin barreras, sin extranjeros.

Por su parte, dijo por último Francisco, el hermano salesiano Artémides Zatti fue un ejemplo vivo de gratitud. Curado de la tuberculosis, dedicó toda su vida a saciar las necesidades de los demás, a cuidar a los enfermos con amor y ternura. Se dice que lo vieron cargarse sobre la espalda el cadáver de uno de sus pacientes. Lleno de gratitud por lo que había recibido, quiso manifestar su acción de gracias asumiendo las heridas de los demás.

Una súplica del Papa al final de su homilía: «recemos para que estos santos hermanos nuestros nos ayuden a caminar juntos, sin muros de división; y a cultivar esa nobleza de espíritu tan agradable a Dios que es la gratitud».